La provincia vive un descalabro institucional. Todos lo ven. Sin embargo son muy pocos los que están dispuestos a hacer algo con él. La mayoría por ignorancia. Es mucho más fácil no hacer nada porque desanudar un sistema tan férreo implica complicarse la vida. Y si de algo ha dado muestras la mayoría de la dirigencia política tucumana es de que no quiere grandes problemas. En eso se unen oficialistas y opositores.
Ha habido casos de corrupción espantosos como los del Instituto de la Vivienda, donde en nombre de hacer casas para los que no tienen se han hecho todo tipo de desaguisados inventando empresas, burlando licitaciones, violando reglamentos y actuando indebidamente, pese a haber jurado actuar honestamente como funcionario. Ha habido tristes episodios en los cuales quienes debían ocuparse de cuidar a los ciudadanos han sabido ultrajar, matar, burlarse y hasta encubrir un crimen. Desgraciadamente, los ejemplos sobran en este Tucumán.
En los últimos 60 días nos hemos enterado de un hecho que corrobora que la corrupción y los excesos de la casta pública tienen una explicación que los justifica: la Justicia. Estábamos seguro que la composición del Poder Judicial se ordenaba sobre la base de amistades, de parentescos y también de favores que se pagaban a otros poderes con nombramientos. El moño para lucir el regalo fue la confirmación de que un vocal de la Corte Suprema de Justicia, el señor Daniel Leiva, era funcional a su partido político y era capaz de sugerir a otros jueces que actúen de una manera determinada. Nada más alejado de lo que se podría esperar de la Justicia.
En esta semana que se despide para no volver nunca más en la vida de nadie, se conoció además que Leiva recusó a dos de sus pares, los doctores Daniel Posse y Claudia Sbdar por considerarlos que pueden ser imparciales. Esta desconfianza de un vocal hacia los otros no hace más que sumar una gota más al vaso lleno del desorden institucional.
Desde la mayoría de las instituciones intermedias de la provincia y, especialmente, en los poderes del Estado, se ha tenido una mirada complaciente hacia este episodio. Precisamente, esa es la actitud que no debiera prevalecer entre los representantes públicos. Las respuestas han sido mirar para otro lado o respaldar al amigo antes que nada. Incluso, sin importar los riesgos que esos mensajes implican, como lo ha hecho el vicegobernador de la provincia, que ha elegido defender a Leiva como si fuera el hijo de la política que él ha adoptado. Por eso ha decidido atacar todo lo que lo afectara a Leiva sin analizar previamente su conducta. El gobernador eligió mirar para otro lado, como si a él tampoco le correspondiera revisar el comportamiento del hombre que él mismo puso en la Corte, premiándolo por el desempeño que había tenido en la Fiscalía de Estado. En ese punto se unen Manzur y Jaldo.
Los episodios se suceden día a día priorizando, subrayando y poniendo énfasis en los entornos de este escándalo, pero no en el meollo del tema, cual es simplemente que un miembro de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia no ha actuado como corresponde. En esta misma edición de LA GACETA se incluye una entrevista al doctor Alberto Binder, a quien los tucumanos (de todos los poderes públicos) fueron a buscar para que los ayude a diseñar el nuevo sistema de la Justicia Penal. En la entrevista, el jurista advierte con límpida sencillez lo que está ocurriendo y aconseja: “Nadie se puede hacer el tonto acerca de lo que se está discutiendo en Tucumán”.
Binder, tal vez porque es un observador extraño, es capaz de señalar lo que muchos prefieren evitar. En Tucumán reina la cultura de la especulación. Cualquiera –y cuanto más arriba está en el poder, más aún- analiza como si fuera Anatoly Karpov antes de decir o hacer algo. Es difícil encontrar a los que arriesgan y, como diría cualquier abuelo, “el que no arriesga, no gana”. Las instituciones provinciales hace tiempo que vienen perdiendo con dirigentes que se pronuncian cuando no se sienten afectados.
Binder, en la página dos de la edición de papel de LA GACETA, pero también en el sitio digital (lagaceta.com.ar) y en el celular, señala la importancia de que la Facultad de Derecho tuviera un protagonismo mayor, máxime cuando proclaman el valor de la ética en los abogados.
Distinto tiempo
Tratando de entender la cultura de la especulación, un destacado periodista de la Redacción me explicó que no sólo hay un cálculo permanente de ganancias y pérdidas antes de pronunciarse, sino que también hay un problema dirigencial en el que nadie vive y actúa en sus presentes. Y señaló que el vicegobernador trabaja en función de su futuro como gobernador. El gobernador está mirando siempre sus posibles candidaturas nacionales. Y hasta la presidenta de la Corte otea un hipotético salto a la Magistratura nacional. La actualidad figura en segundo plano en la agenda personal de los principales actores.
La necesidad de especular y de analizar lo que más les conviene aleja a los gobernantes de los problemas. Tanto analizan y miden las ventajas y desventajas que los temas candentes se enfrían o la ciudadanía interviene en el asunto antes que ellos. Hace varios meses que Manzur ha tomado conciencia de que sobre su gestión hay nubarrones que preanuncian tormentas. Su actitud cancilleresca lo deleita, pero lo está descolocando. Su falta de reacción no sólo se refleja en la situación del Ersept, que ya no tiene presidente aunque sigue figurando hasta en el sitio de internet. Su parsimonia es el reflejo de lo que pasó con la Policía, que dudó tanto que al final los ciudadanos salieron a buscar al asesino de Abigail. Con la posición sobre la Justicia también yerra porque en la necesidad de no molestar a su ex funcionario Leiva todo se desmadra. Esa misma actitud se transmite hacia los demás funcionarios, que creen que la mejor actitud es esperar que todo pase. El problema es que si no hacen nada, nada pasará.
Esa falta de claridad no sólo se ve en los diagnósticos errados en el tema judicial y de la seguridad, sino también en hecho nimios como fue la convocatoria a una marcha contra el Gobierno provincial. El error de cálculo y de inteligencia fue tal que ayer en la plaza Independencia hubo más policías que manifestantes. Lo preocupante sería que desde el oficialismo se interprete que no hay malestar y que se aprueba a ojos cerrados la gestión. Si esa fuera la inferencia, se correría el riesgo de seguir en las nubes de Úbeda, expresión española que alguna vez se refirió a los cerros de Úbeda.
La droga salpicando y dando vueltas por distintos estamentos del poder mostró una buena reacción del oficialismo al exonerar al empleado del Siprosa detenido en Santiago del Estero con droga. Sin embargo, algunas declaraciones abren interrogantes que exigen respuestas inmediatas. La madre del detenido, operador nada menos que de un programa que se llama “Tucumán te cuida”, pidió parsimonia porque no quiere que le devuelvan el hijo en un cajón “por los vínculos que le están inventando”. Como si esta detención fuera la punta de un iceberg contra el que nadie quisiera chocar.
Más curiosa y sorprendente fueron las palabras del legislador Javier Morof. “Lo primero es aclarar que Manzur no tiene nada que ver con esto ni conoce a esa gente”. Una vez más, la cultura de la especulación se apoderó del bussista devenido peronista, que en su declaración parece más preocupado por su jefe político que por sus representados en la banca. Tal vez lo primero sería conseguir una política conjunta contra el narcotráfico, que cada día se relaciona mejor con la política.
Nuevo paisaje
Los tucumanos ya han aprendido que el transporte no funciona en la provincia. Para los ciudadanos es como la lluvia en tiempos de sequía. Si los ómnibus circulan agradecen y se suben a ellos, pero ya no forman parte ni del paisaje ni de la agenda diaria. Están seguros de que en cualquier momento volverán a andar de a pie, en taxis, en remises truchos, en combis de transportes escolares o descargarán la aplicación de Úber. Las reacciones serán con los actores del presente, con las decisiones de los últimos días, pero este fracaso empresarial y estatal lleva años de desatención y desinterés. Esta semana además llegó la peor noticia desde Buenos Aires: se reducirán los subsidios. Parafraseando al doctor Binder habría que advertir que hay que dejarse de hacer los tontos con este tema. Las promesas de diálogo y de análisis de proyectos se escuchan desde hace una década, pero nadie se ocupa en serio de este problema ciudadano.
Cuando el constitucionalista analiza los problemas de la Justicia tucumana en la entrevista que se publica también hoy manifiesta que se vive “una disputa donde lo viejo y fracasado se empeña por destruir la promesa de transparencia de lo nuevo”. Su sentencia vale para muchos otros problemas que nos aquejan.